Llegas con la maleta, miras el mapa y, de primeras, todo parece “a un paseíto”. Pero luego pasa lo típico: llueve, te metes en una calle que no tiene salida para coches, el alojamiento está en una zona con accesos raros o te das cuenta de que ibas con el tiempo justísimo. Para que el viaje no empiece con estrés, aquí tienes una guía práctica y muy de vida real sobre cómo moverte sin complicarte, con trucos de ubicación, puntos de recogida y situaciones típicas (madrugadas, eventos, prisas, maletas…). Y si prefieres ir directo a lo fácil desde el minuto uno, puedes reservar un taxi en Pontevedra desde la web oficial de ElTaxi 033 y olvidarte de improvisar.

Hazte un “mapa mental” rápido y deja de pelearte con el GPS
Cuando visitas una ciudad por primera vez, el error no es “no conocer las calles”. El error es querer orientarte como si fueras local… con prisa y con el móvil en la mano. Lo que mejor funciona es un mapa mental simple: tu alojamiento (base), el centro (donde acabarás pasando sí o sí), y tus puntos fijos del día (estación, restaurante, museo, reunión, lo que sea). Con eso ya tienes el 80% resuelto.
Y aquí va el truco que más ahorra minutos: en vez de pensar en “estoy cerca de…”, piensa en “me pueden recoger aquí sin dar vueltas”. Si estás dentro del casco antiguo o en una zona con zona peatonal, es muy normal que el coche no pueda entrar o que tenga que rodear para llegar. No es drama: simplemente te mueves 1–2 minutos a una calle paralela más accesible y todo fluye. De hecho, muchas veces el mejor plan es “salgo a una calle grande, espero allí y listo”. Es lo que hacen los que viajan tranquilos.
El punto de recogida lo es todo: si eliges bien, esperas menos
Te lo decimos tal cual: la mitad de las esperas se solucionan con un punto de recogida bien puesto. Cuando un coche llega rápido y sin llamadas, casi siempre es porque el lugar estaba claro, era visible y podía parar sin líos. Y cuando se complica, normalmente es por lo contrario: calle estrecha, doble fila, gente amontonada, o un nombre de calle que en el mapa parece una cosa y en la realidad es “una entrada entre edificios”.
¿La solución? Piensa como si fueras conductor: ¿dónde hay espacio para detenerse dos minutos sin bloquear? Entradas de hoteles, esquinas amplias, cruces con semáforo, calles con carril ancho o zonas con un poco de “respiro” para parar. Esos son los mejores puntos de recogida. Y si estás en una plaza preciosa pero llena de gente, no te la juegues: camina hasta la esquina más cercana donde el coche pueda llegar fácil.
Un ejemplo típico: sales de cenar, estás contento, llueve, hay paraguas por todos lados y coches pasando. Si pides que te recojan “en la puerta”, lo más probable es que el coche no pueda parar justo ahí. En cambio, si caminas a un cruce cercano, lo tienes mucho antes. Son dos minutos que te ahorran diez.
Qué decir al pedirlo para que te entiendan a la primera
Pedir un coche no debería ser un examen, pero hay una fórmula que funciona siempre. Primero, el punto exacto. Segundo, una referencia visible (hotel, esquina, portal, un comercio). Tercero, tu destino o al menos la intención (“voy a la estación”, “voy al alojamiento”, “voy a cenar y vuelvo”). Y, por último, cualquier detalle que cambie el servicio: si vas con maletas grandes, si sois varios, si necesitas ir con calma o si vas justo de tiempo.
En ElTaxi 033 solemos decirlo así: “cuanto más claro lo cuentas, menos lo tienes que explicar dos veces”. Si puedes compartir ubicación, perfecto. Si no, usa un dato que no falle: calle y número, o un lugar muy reconocible. Y una recomendación sencilla: evita “estoy por aquí cerca”. En una ciudad que no conoces, “cerca” puede ser una manzana… o tres calles y un callejón.
¿Vas con prisa real? Dilo desde el principio. No hace falta dramatizar, basta con un “voy con el tiempo justo” para que todo el mundo se enfoque en lo importante: recogida rápida y ruta directa.
Cuando llueve o hay mucha gente: lo que cambia y cómo jugar a tu favor
Hay días en los que todo se vuelve más lento sin que sea culpa de nadie: lluvia, salida de oficinas, fin de semana con ambiente, un evento que llena calles. La demanda sube y, de repente, todo el mundo quiere un coche a la vez. En esas situaciones, hay dos maneras de vivirlo: con paciencia… o con estrategia.
La estrategia es simple: pedirlo un poco antes y elegir un punto menos saturado. Si tienes una cena a las 21:00, pedir a las 20:55 es vivir al límite. Pide a las 20:40 y vas con margen. Si estás en una calle con atasco, camina 2–3 minutos a un cruce más despejado. Y si te pilla una situación de hora punta, asume que el tiempo “normal” se estira un poco, igual que pasa con cualquier transporte.
Y aquí va un truco que parece tonto pero funciona: cuando hay mucha gente, lo más rápido no es estar en el sitio más “lógico” (la puerta del local, la plaza principal, el punto donde está todo el mundo). Lo más rápido es estar donde el coche puede llegar sin pelearse con el tráfico. Ese pequeño cambio te salva la noche.
Madrugadas, trenes y planes con horario fijo: la reserva te quita el estrés
Si tu plan tiene hora (un tren, un bus, una reunión, un check-in que cierra), improvisar es lo que más nervios da. Y esto es aún más verdad si vas temprano o vuelves tarde. En la práctica, lo que mejor funciona es una reserva anticipada: lo dejas cerrado, te despiertas, sales y ya está. Sin mirar el móvil con un ojo medio cerrado y sin ese “¿y si hoy tarda más?”.
En viajes de trabajo se nota muchísimo. No es lo mismo salir con margen que salir pensando “si no llega en cinco minutos, la lío”. Y con familias, lo mismo: niños, mochila, abrigo, carrito… cualquier microimprevisto suma. Con una reserva programada, todo se vuelve más suave.
Además, cuando el trayecto es repetido (por ejemplo, varios días de reuniones o visitas), puedes organizarlo como traslados recurrentes y te olvidas de estar pidiendo cada vez desde cero. Suena “pro”, pero en realidad es puro sentido común: menos decisiones, menos fricción.
Si vas con peques, equipaje o alguien mayor, avísalo y todo va mejor
Aquí no se trata de “poner condiciones”, se trata de viajar cómodo. Si llevas equipaje grande, dilo. Si llevas niños, dilo. Si viajas con alguien mayor, dilo. ¿Por qué? Porque cambia la logística: necesitas un poco más de tiempo para subir y bajar, necesitas un punto de parada más accesible, y a veces conviene un coche con más espacio.
Con personas con movilidad reducida, el punto de recogida es todavía más importante. Evita aceras estrechas, bordillos altos o zonas donde haya que esquivar gente. Es mejor caminar 60 segundos a una calle cómoda que convertir la recogida en un “a ver cómo hacemos”. Y si estás en un alojamiento con una entrada complicada, dínoslo: “la puerta buena es la de la esquina” o “hay que entrar por el lateral”. Son detalles que evitan confusiones.
Ejemplo real de visitante: familia con dos niños y dos maletas. Si esperan dentro del portal y salen cuando llega el coche, perfecto. Si salen tarde, se ponen nerviosos, se les cae algo, llueve… se convierte en película. La clave es simple: tenlo todo listo antes, baja con tiempo y la recogida dura 30 segundos.
Movimientos cortos para ver más: usa el coche como “conector” y camina lo bonito
Una forma muy inteligente de visitar una ciudad (y de no acabar reventado) es alternar trayectos cortos con paseos agradables. Es decir: te mueves rápido para llegar a la zona que quieres disfrutar, y una vez allí, caminas sin prisa. Luego, cuando ya llevas horas, vuelves cómodo. Esto es especialmente útil si llueve, si vas cargado con compras o si simplemente quieres optimizar tiempo.
La gente suele subestimar algo: caminar “un rato” con abrigo y mochila se siente el doble cuando vas cansado o vas con prisas. Por eso funciona tan bien organizar el día así: alojamiento → zona céntrica, paseo; zona céntrica → restaurante, paseo; regreso al alojamiento. Y si te apetece hacer una ruta más amplia sin estar pendiente de aparcar o de buses, puedes plantearlo por tramos.
El objetivo es que el trayecto sea un trámite cómodo, no una parte estresante del viaje. Nosotros lo vemos cada día: el visitante feliz es el que no está peleándose con el reloj.
Pagos y comprobantes: deja claro lo importante antes de llegar al destino
Hay dos preguntas que salen muchísimo cuando viajas: “¿se puede pagar con tarjeta?” y “¿me puedes dar recibo?”. Mejor resolverlas al principio y olvidarte. Por eso, si te viene bien, pregunta desde el inicio si puedes pagar con tarjeta y así no estás al final buscando efectivo o “a ver si tengo cambio”. Es lo más cómodo, y además te deja el viaje más tranquilo.

Y si estás en viaje de empresa, o necesitas justificar el gasto, pide la factura desde el comienzo. Así se prepara con calma y no se te olvida cuando ya estás bajando con la maleta. Es un detalle pequeño, pero evita ese momento incómodo de “ah, se me olvidó decírtelo”.
También ayuda comentar si vas a hacer una parada rápida. Hay gente que lo suelta cuando ya está llegando: “¿podemos parar aquí un segundo?”. Se puede, claro, pero es mejor avisarlo antes para organizarlo y que sea fluido.
Seguridad y confianza: lo básico para viajar tranquilo
Cuando estás en una ciudad que no conoces, la tranquilidad vale más que cualquier cosa. Lo básico es simple: sube al coche correcto, confirma el destino con claridad y, si te da calma, sigue el recorrido en el móvil. No es desconfianza: es normal cuando estás de viaje y todavía no ubicas las calles.
Otra recomendación práctica: si estás en una zona con mucha gente, acuerda un punto claro contigo mismo (o con tus amigos) antes de pedir. “En la esquina de X” funciona mejor que “en la puerta del bar”, porque la puerta puede estar llena de gente y el coche quizá no puede parar. Cuanto más simple sea el punto, menos confusión.
Y un detalle que parece obvio pero se olvida: si te cambias de sitio mientras esperas, avisa. Hay veces que la gente se mueve “para estar bajo techo” y el conductor llega al punto original. Resultado: llamada, pérdida de tiempo, y sensación de caos. Si te mueves, dilo y ya.
Cierre: el plan para moverte fácil sin volverte loco
Si tuviera que resumir todo esto en una frase sería: el secreto no es conocer la ciudad, es saber cómo pedir y dónde colocarte. Elige un punto accesible, da una referencia clara, avisa si llevas equipaje o si vas con prisa, y en situaciones de lluvia o eventos adelanta un poco la jugada. Con eso, tu experiencia cambia por completo: pasas de “qué lío” a “qué fácil”.

Nosotros, en ElTaxi 033, estamos para eso: para que el visitante no tenga que descifrar calles, accesos o horarios raros. Tú disfrutas del viaje, llegas a tiempo y te olvidas del estrés de moverte. Y si quieres seguir afinando trucos de viaje (especialmente cuando hay horarios fijos o traslados largos), te recomendamos leer nuestro artículo interno sobre cómo calcular el precio del taxi en Pontevedra según festivos, horarios y tráfico.
Preguntas frecuentes
1) ¿Qué hago si estoy en una zona peatonal y no pueden entrar?
Muévete 1–2 minutos a una calle paralela más amplia (un cruce, una avenida o la entrada de un hotel). Ahí la recogida es mucho más rápida y sin confusiones.
2) ¿Cómo elijo el mejor punto de recogida para que no tarden?
Busca lugares visibles y accesibles: esquinas amplias, cruces con semáforo, entradas de hotel o calles con espacio para parar. Evita puertas de locales con gentío o calles estrechas.
3) ¿Cuándo conviene reservar en vez de pedir en el momento?
Cuando tienes horarios fijos (tren, bus, reuniones), si sales de madrugada, si hay lluvia o si hay eventos. Reservar te quita incertidumbre y te evita esperas.
4) ¿Debo avisar si llevo maletas grandes o viajo con niños?
Sí. Es un dato clave para que el servicio sea cómodo y se calcule mejor la logística de subida y bajada. También ayuda si viajas con personas mayores o movilidad reducida.
5) ¿Cómo evito sorpresas con el pago o el recibo?
Pregunta al inicio si puedes pagar con tarjeta y, si necesitas justificante, solicita la factura antes de llegar al destino. Así no vas con prisas al final.



