Te ha pasado seguro: un martes pides un coche, sales de casa, cierras la puerta y casi te lo encuentras ya esperándote. Y luego llega el sábado, misma zona, misma hora “más o menos”, y de repente todo tarda el doble. Ahí es cuando nace la duda: “¿pero no es el mismo servicio?”. La realidad es que, aunque tú repitas la rutina, la ciudad no la repite. Cambia la gente que se mueve, cambian las calles (cortes, obras, desvíos), cambia el clima y cambia hasta el tipo de trayectos que se están haciendo en ese momento. En ElTaxi 033 lo vemos cada día, y por eso siempre decimos lo mismo: la diferencia entre un día perfecto y un día lento casi nunca está en una sola causa, sino en varias pequeñas que se juntan. Si lo que necesitas ahora es un servicio taxi, quédate: entender el “por qué” te ayuda a anticiparte y a llegar con menos estrés.

La ciudad tiene “horas buenas” y “horas trampa”
Hay franjas que son amables y franjas que son una trampa sin cartel. En las horas buenas, la demanda está repartida: gente que sale de casa a distintas horas, trayectos cortos, tráfico razonable y un flujo bastante estable. En las horas trampa, en cambio, todo se concentra. Es como si la ciudad se pusiera de acuerdo para moverse a la vez.
Piensa en la salida de oficinas, la entrada a un evento, la hora de recoger a los niños o ese momento clásico de “me voy ya, que si no no ceno”. Cuando muchas personas piden coche a la vez en zonas cercanas, lo que se genera es una cola, aunque tú no la veas. No es una cola física como la del súper, es una cola de solicitudes que llegan en cascada.
Y además hay un detalle que no se suele ver desde fuera: cuando la demanda sube, no solo hay más gente pidiendo, sino que cada trayecto ocupa un coche durante un tiempo. Si se encadenan viajes más largos (por ejemplo, a una estación, a un hospital, a un centro comercial grande), los coches tardan más en volver a quedar disponibles cerca. Resultado: la sensación de “hoy todo va fino” o “hoy todo cuesta”.
La lluvia no solo moja: multiplica los tiempos
La lluvia es el gran botón rojo de la movilidad urbana. Incluso cuando cae “nada”, el comportamiento cambia. Quien normalmente caminaría 10 minutos, ese día no camina. Quien iba a esperar bus, prefiere ir puerta a puerta. Quien tenía pensado “ya encontraré algo”, decide pedir con antelación para no empaparse.
Y luego viene el segundo efecto: con lluvia el tráfico se vuelve más lento. Se conduce con más cuidado, hay más retenciones pequeñas, más frenazos, más gente buscando aparcar en doble fila “un segundo”. Eso reduce la velocidad media y, por tanto, la rotación de coches. Dicho sin tecnicismos: si cada viaje tarda un poco más, hay menos coches libres cada minuto.
En días así, mucha gente opta por taxi a domicilio, y es totalmente lógico. Pero si justo estás en una calle complicada para parar o con poco espacio, esa elección puede sumar minutos extra. No porque nadie quiera tardar, sino porque la ciudad, literalmente, va más despacio. Cuando el asfalto está mojado, el margen de seguridad manda… y el reloj lo nota.
El tráfico real es el que no se ve en el mapa mental
Tu cabeza tiene un “mapa mental” de la ciudad: por aquí se va rápido, por allí se tarda poco, esta calle siempre está bien. El problema es que la ciudad cambia sin pedir permiso. Un carril cortado por obras, una calle que era de doble sentido y ahora es de uno, una avenida con un accidente que bloquea media circulación… y lo que parecía sencillo se vuelve un rodeo.
Aquí pasa algo curioso: a veces el coche está cerca, pero llegar no es directo. Puede estar a dos calles, sí, pero si hay un giro prohibido o un corte, tiene que dar una vuelta grande. Desde fuera parece absurdo (“si está ahí”), pero en conducción real es normal. También influyen las zonas donde no se puede parar con seguridad o legalmente, porque nadie quiere que la recogida sea un problema.
Cuando el tráfico está raro, cualquier traslado en taxi se alarga un poco, y ese “un poco” se acumula durante toda la franja. Por eso en ciertos días notas que todo va con una marcha menos. No es que el coche “tarde porque sí”, es que el recorrido de la ciudad se ha vuelto más denso.
Eventos: cuando miles de personas salen con la misma idea
Los eventos son el ejemplo perfecto de por qué un día puede ser rápido y otro desesperante. Un concierto, un partido, una feria, una fiesta local, incluso una gran cena de empresa… generan lo mismo: salida masiva. Mucha gente terminando a la vez y pidiendo a la vez, generalmente en el mismo punto o en calles muy cercanas.
Eso crea el efecto embudo. Aunque haya muchos coches en la ciudad, no puedes meterlos todos de golpe en una sola calle estrecha ni hacer que se materialicen en la puerta exacta donde están 500 personas. Además, cuando hay eventos, suele haber cortes, policía regulando accesos, cambios de sentido temporales y calles que se convierten en “solo salida”. Todo eso complica la entrada y la recogida.
Aquí va un ejemplo muy real: terminas un concierto y estás justo en la salida principal. A tu alrededor, la mitad del público está mirando el móvil con la misma idea. Si caminas 5–7 minutos hacia una calle paralela menos congestionada, el tiempo de recogida puede mejorar muchísimo. No porque “te saltes la cola”, sino porque sales del embudo. En noches así, se nota especialmente el taxi nocturno, porque la demanda se dispara y la ciudad está en modo ocio total.
Disponibilidad: no cuenta cuántos coches hay, sino cuántos están libres cerca
Este punto es clave: que haya taxis en la ciudad no significa que haya taxis libres cerca de ti ahora mismo. A veces hay mucha actividad, pero los coches están ocupados en trayectos largos o están terminando un servicio y aún tardan unos minutos en quedar disponibles.
También influye el “mapa” de la demanda. Hay zonas que, según la hora, se calientan: estaciones, zonas de bares, áreas comerciales, hospitales, aeropuertos. Si de repente se encadenan varios viajes largos desde una zona concreta, esa zona se queda más vacía durante un rato. No porque falten coches, sino porque esos coches se han ido lejos y tardarán en volver a estar cerca.
Y aquí entra otro factor humano: turnos y descansos. Los conductores no somos robots (aunque algunos lunes nos vendría bien). Hay momentos de cambio de turno que, en un día tranquilo, ni se notan. Pero en un día con demanda alta, ese pequeño “hueco” se siente.
En ciudades con actividad constante, hay franja donde funciona muy bien el taxi 24 horas, pero incluso así, si coinciden picos (lluvia + evento + salida de estación), la disponibilidad se ajusta y los tiempos se mueven.
El punto de recogida es medio viaje, aunque no lo parezca
A veces el problema no es “que tarde”, sino que el punto donde estás hace difícil la recogida. Y no es una crítica: es normal que tú quieras que te recojamos en tu puerta. El tema es que hay puertas y puertas. Algunas son fáciles: calle amplia, sitio para parar, visibilidad buena. Otras son complicadas: carril bus, doble fila constante, esquina conflictiva, sentido único con desvío, obra justo delante, entrada a un centro comercial con caos…

Pequeños cambios ayudan muchísimo. Si estás en una avenida colapsada, caminar 50–100 metros a una calle paralela más tranquila suele mejorar la llegada. Si estás en una plaza grande, dar una referencia clara evita que el coche dé vueltas buscando “la fuente” o “la estatua” (que para ti es obvia, pero desde el coche, con gente y tráfico, a veces no lo es tanto).
Esto enlaza con otra realidad: muchas personas piensan “quiero un taxi cerca de mí”, pero el “cerca” no es la única variable. La clave es “cerca y accesible”. En el día a día, esa diferencia se traduce en minutos menos de espera y menos estrés para ti.
Comunicación: lo que parece un detalle puede ser la diferencia
En días tranquilos, casi cualquier petición sale bien aunque sea un poco imprecisa. En días complicados, la precisión es oro. Dirección completa, número, portal y una referencia útil (“estoy en la puerta del hotel”, “junto a la farmacia”, “entrada por la calle de atrás”) reducen el margen de error. Y cuando el margen de error baja, baja la espera.
Pasa mucho con estaciones y zonas grandes. La gente pone “estación” y se queda esperando en la entrada que le queda más cerca… pero la entrada que le queda más cerca no siempre es la más accesible para un coche. En esos casos, decir “salida norte”, “parada de buses”, “puerta principal” o “zona de carga y descarga” ayuda más de lo que parece.
Otra cosa que suma: estar listo cuando llega el coche. Esto no es “regañar” a nadie, es pura realidad urbana. Si el coche llega y tú todavía estás bajando en ascensor, buscando llaves o esperando a un amigo, ese minuto se convierte en un minuto perdido para todos. En un día con poca demanda, da igual. En un día con mucha, ese minuto tiene efecto dominó.
Y también influye el método de pago. Si necesitas pago con tarjeta, decirlo de forma clara desde el principio evita incertidumbre y hace que todo fluya más rápido, especialmente cuando vas con prisa.
Anticiparte sin volverte loco: hábitos que funcionan
No se trata de que planifiques cada trayecto como si fuera una operación militar. Pero sí hay dos o tres hábitos que, cuando los aplicas, notas la diferencia. El primero es el margen. Si tienes avión, tren o una cita importante, no juegues al “voy justo”. La ciudad no siempre te deja. Un colchón de 10–15 minutos cambia tu experiencia por completo.
El segundo hábito es elegir bien el punto de recogida. Si sales de una zona muy caliente (un estadio, una discoteca, una estación), caminar un poco fuera del foco es la jugada inteligente. No es renunciar a la comodidad, es comprar tiempo. Y ese tiempo es oro cuando vas con maletas, cuando llevas niños o cuando ya vas tarde.
El tercero es decidir si te conviene reservar. En momentos con mucha variabilidad (lluvia, vísperas de festivo, eventos), una reserva previa te ahorra el “a ver qué pasa”. Y si el plan te ha pillado por sorpresa, a veces no queda otra que pedir sobre la marcha; ahí, lo que ayuda es que la recogida sea clara y fácil.
En ese contexto, una recogida programada también es súper útil cuando sabes que tienes que salir sí o sí a una hora. Si tu vuelo es temprano, si trabajas con horarios fijos o si llevas a alguien al hospital, tener ese punto cerrado te quita estrés mental.
Y cuando todo se te echa encima y necesitas salir ya, una reserva inmediata bien gestionada (con dirección exacta y un punto accesible) suele ser mucho más efectiva que pedir desde un lugar imposible y confiar en la suerte.
Casos especiales: familias, maletas, noches largas y accesibilidad
Hay situaciones donde la “rapidez” no es lo único que importa. Si vas con niños, a veces lo que necesitas es subir con calma, colocar bolsas, asegurarte de que nadie se deja nada. Si vas con maletas, necesitas un punto donde el coche pueda parar sin estar esquivando tráfico. Si sales de fiesta, necesitas llegar seguro, no solo rápido.
Y luego está un caso muy importante: accesibilidad. Si necesitas un vehículo preparado, avisarlo cambia completamente la experiencia. No todos los coches pueden cubrir todas las necesidades, así que cuando lo sabemos desde el inicio, evitamos cambios, esperas extra y frustración. En ese sentido, pedir un taxi adaptado con tiempo (cuando es posible) suele ser la opción más tranquila y eficiente.
Para la vida real, esto es clave: si viajas con gente mayor, con movilidad reducida o con equipaje voluminoso, tu “mejor” recogida es la que es fácil de ejecutar. A veces eso significa mover el punto 30 metros. Pero esos 30 metros te ahorran 10 minutos y un cabreo innecesario.
Lo que hacemos nosotros para que la experiencia sea más constante
En ElTaxi 033, nuestro objetivo no es que un día sea perfecto y al siguiente te sientas abandonado. La ciudad no siempre se puede domar, pero sí se puede trabajar para que el servicio sea más estable. ¿Cómo? Tomando decisiones con lógica real: tiempo real de llegada, accesos posibles, rutas viables y evitando que un error tonto se convierta en una cadena.
Cuando la ciudad está tranquila, todo va suave y parece sencillo. Cuando está complicada, es cuando más importa la organización: asignar con cabeza, entender dónde están los embudos, recomendar puntos de recogida más inteligentes si hace falta y mantener una comunicación clara para que no haya malentendidos.

Y aquí va la idea final, la más útil: si un día va lento, no siempre es “mala suerte” ni “mala gestión”. Muchas veces es un día en el que se han juntado demanda alta, tráfico denso y recogidas difíciles. Si tú pones de tu parte con margen, un punto accesible y una dirección clara, la experiencia mejora muchísimo. Y nosotros ponemos la nuestra para que llegues a tiempo, con menos nervios y sin dramas, incluso cuando la ciudad parece empeñada en complicarlo todo.
Preguntas frecuentes
1) ¿Por qué a veces tarda más aunque pida desde la misma zona?
Porque cambia lo que no se ve: cuánta gente está pidiendo a la vez, cuántos coches quedan libres cerca, y cómo está el tráfico en ese momento.
2) ¿La lluvia influye tanto en los tiempos?
Sí. Aumenta la demanda y baja la velocidad del tráfico. Además, las recogidas se vuelven más lentas (paradas más difíciles, más retenciones).
3) ¿Los eventos realmente afectan aunque yo no vaya a ellos?
Totalmente. Conciertos, partidos o fiestas crean “embudos” en ciertas áreas y arrastran tráfico y demanda hacia zonas cercanas.
4) ¿Qué punto de recogida suele funcionar mejor para reducir esperas?
Uno fácil de acceder y donde se pueda parar sin líos: calles paralelas menos cargadas, esquinas amplias o zonas sin doble fila constante.
5) ¿Qué hago si voy con prisa para no depender de la suerte?
Sal con margen (10–15 minutos), da dirección y referencia claras, y estate listo cuando llegue el coche. Si puedes, evita puntos de recogida complicados.